viernes, 3 de julio de 2009

Retirada...


Hacía tiempo que el blog estaba un poco abandonado ya, y es que entre los exámenes, la pereza, mi difunto portátil y las prisas por "comerme el mundo", no me han dejado un minuto para vaciar de nuevo aquí mi cabecita.

Estos dos últimos días han sido de recogida del piso. Mantas por aquí, camisetas por allá, separaciones de bienes comunes... Vamos, un galimatías. Y a esto hay que sumarle aun por encima la búsqueda del nuevo piso, porque el año que viene Zipi y Zape seguirán con su saga de tonterías en su nueva morada.
Y hace gracia ver lo que se va encontrando uno a medida que recoge el piso, cosas de las que uno ya ni se acordaba. Supongo que recoger lleva consigo recordar, y cada cosa que metía en la maleta suscitaba en mí un recuerdo: el "Pro", cuando fimo s a comprarlo y sus tardes enganchados a él, el árbol de navidad tan laboriosamente decorado, pulseras de cuero, camisetas del equipo de fútbol , bicis con ruedas pinchadas y sillines robados.
O también pequeños detalles que alegraban el piso y que lograban arrancar sonrisas al rememorar su porqué: el billete de avión del Sevi, un membrillo que nos trajo Koen la primera semana en el piso y que aún sigue en un plato, letreros con los nombres de los profesores de la facultad en cada una de las puertas, la caja del campin-gaz que tan bien nos ha servido a unos y a otros.

Pero también hay cosas que se han perdido. Un disco de Raquel, un libro mío, y una de mis pelotas de hacer malabares que me regaló Santi. Con esas 3 pelotas había empezado a aprender a hacer malabares, más o menos me salían a veces. Pero ahora, justo cuando había aprendido a hacer un poquito má de malabares y ya no era tan inútil como antes, he perdido mi tercera pelota así que me quedo con las 2 que quedan y no será lo mismo. Supongo que estará en una esquina, por ahí escondida, resentida por haberse caído tantas veces, y no querrá que nadie la encuentre.

Pero si esa pelota tiene internet en la esquina donde se esconde, espero que pueda leer esto: los malabares se empiezan haciendo poco a poco, y la mayoría de las veces se caerá una u otra de las pelotas indistintamente, pero la gracia está en que la puedes recoger y siempre volver a empezar, intentándote esforzar más para hacerlo mejor. Los malabares no tendrían gracia si fuesen fáciles, pues perderían su interés. Pero con un poquito de esfuerzo pueden salir unas filigranas preciosas, en las que las 3 bolas son igual de importantes. Lo único que no hay que hacer es rendirse, y hay que ser perseverante. Pero no puede ser otra más que tú quien le eche coraje y salga rodando de su esquina, aún a sabiendas de que se puede volver a caer.

Supongo que ahora me tendré que acostumbrar a hacer malabares de dos bolas, aún así espero que algún día aparezca en el lugar menos pensado la tercera pelota para poder volver a practicar con ella.

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