domingo, 6 de septiembre de 2009

Curro findesemanal

Llegó ya a mi segundo día en el piso tutelado de Coruña. El viernes, tras la dura noche del jueves, me dirigí a firmar el contrato diciéndome "quién te mandaría meterte aquí" y "anoche no deberías haber bebido tanto" y sabiendo que esa misma noche entraría en el piso con los chavales, me bañaba el cuerpo una sensación extraña que azotaba la autoestima que tenía en mí mismo balanceándola entre mi propia seguridad y creencia en mí mismo y los nervios de comenzar algo que, sin duda, sería un paso que significaría para mí mucho más que un trabajo normal: era un voto de confianza, de creer que era capaz de ello, de desempeñar un trabajo como ni por asomo había realizado otro anteriormente.

Y allí estaba yo, delante del portal número 23 devorando lo poco que me quedaba de uñas, sin saber a quiénes me iba a encontrar 2 pisos más arriba: no conocía a la educadora en persona, sólo por teléfono hablé con ella una vez; de los chavales sabía que todos ellos eran mayores de edad, que habría 2 ó 3 y que una sería una chica; y lo que más me intrigaba era que no sabía qué "Yo" debería interpretar durante los próximos fines de semana.

Y sin más titubeos, miré las cartas que me habían tocado jugar en esta partida en que tanto capital de autoestima podía ganar o perder, y una vez vistas, creé mi plan de ataque. Esta era mi baza:

-Todos tenían 18-19 años (2 ó 3 menos que yo).
-Por lo que me habían dicho, la chica era conflictiva: maltrataba a la madre, estuvo metida en redes de prostitución, en varios centros de menores por orden judicial, en otros pisos tutelados y le gustaba la fiesta más que a un tonto un lápiz.
-Un chaval de Gambia, llegado hacía 5 años a Tenerife y sin amigos ni conocidos, y deprimido porque a pesar de tener permiso de residencia y trabajo, nadie le daba ninguno a pesar de los cursos de pintor y albañil que tenía.
-Una relación amor/odio entre algunos de ellos (esa misma semana, acabaron en el hospital por pegarse con las escobas en casa).
-Poca motivación y ganas de hacer nada, ¡pero nada de nada!

Así que decidí hacer una cosa. Puesto que no tenía ni pajolera idea de cuál debería ser mi rol a desempeñar con ellos. Subí al piso sin rebañarme más los sesos, porque pensé que lo más oportuno sería conocer a los chavales que allí había, y que en el fondo debía darme bastante igual quiénes habían sido.
De hecho, en este piso yo no conozco a ninguna maltratadora, ni ex-puta, tampoco hay nadie que haya venido en patera, ni ningún ladronzuelo. Porque yo también tengo cosas feas a las espaldas que sólo podré dejar atrás si ningunos ojos me recuerdan cuando me miran que yo también las he liado pardas. Creo que tender la mano a todo el mundo no tiene ningún pero, al menos hasta que se demuestre lo contrario. Al conocer a una persona no debe ésta tener un 0 e irse ganando puntos para alcanzar la confianza; yo lo veo como si tuviese 10, y que perder puntos es algo que está en su mano, en su presente y no en su pasado.

Así que pensé "qué carajo, yo siendo como normalmente soy, no creo que tenga mayores problemas más que los habituales, y si alguien ha confiado en mí para hacer ésto, me voy a dar un 10 a mí mismo, al menos hasta que me demuestre lo contrario". Y tampoco me va mal del todo: de momento soy yo mismo con mis despistes y barbaridades, pero también con aquellos matices que han hecho que, al menos, durante estos 2 días que llevo aquí, la convivencia haya sido coser y cantar: Juego partidas al Pro con ellos, vamos juntos a hacer la compra, siempre me olvido del Ramadán de un chaval y le ofrezco comida y aunque me dice "No gracias" me mira con cara de "No me ofrezcas, que tengo hambre y no puedo comer, joder!". Si se pelean les pego con un cojín y les amenazo con tirarles por la ventana o con comprar gasolina y prenderles fuego, con lo que se descojonan de risa y paran de cascarse. ¡Y me hacen caso en lo que digo! Incluso se comen la comida que les da tirria. En fin, creo que la cosa no está yendo mal, a ver si para la semana que viene podemos irnos a alguna parte juntos en vez de estar en casa.

Aprovecho para decir que tengo jacuzzi en la habitación y un ordenador con internet (éste), así como un horario que me permite levantarme a las 12 si quiero y salir por la noche si no hay nadie en casa, e incluso la comida pagada y unos cocineros espectaculares que son estos chavales!!!!!!!

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