martes, 6 de enero de 2009

¿Qué es Globalización? ¿Y tú me lo preguntas? Globalización eres tú





Esta entrada, creada en un principio para un trabajo de clase, habla un poco de cómo reflexionar hacia la Globalización, fenómeno que masajea el bolsillo del rico y atiza al pobre. Supongo que se parece bastante a "educadores maleducados", pero es que además de haber hecho un copia-pega descarado, creo que estos dos temas van unidos por naturaleza. Espero que además de hacerse repetitivo encontreis matices nuevos interesantes y, tal vez, sorprendentes. Apuesto que algo aprendereis, como mínimo el número de personas que había en la Tierra este año pasado. ¿Preparad@s?Adelante, pues:

Pobreza, exclusión, marginación, soledad, hambre… son algunas de las carencias con las que conviven personas del tercer y cuarto mundo actualmente. Es entonces cuando nos damos cuenta que a la riqueza la rodea, inexorablemente, pobreza. Y es que en el juego de la vida hay ganadores, pero para ganar, forzosamente otros son los que deben perder.

La gigante Globalización es un proceso que parece no saciar nunca su sed de poderío, y como portento que es, es un arma de doble filo, y encontramos en ella un montón de cosas buenas, pero también otras dañinas. Y es que avanza a pasos agigantados hacia su meta, pero en su carrera alrededor del mundo debería mirar qué hay bajo sus pies aplastado, porque de no hacerlo estará abriendo así la veda de caza, en busca de carne fácil de explotar. Bosques, pantanos, especies extinguidas y personas (daño en el que nos centraremos) son algunas de las huellas que deja marcadas en la faz de la Tierra, y como huellas que son, siempre quedan a un nivel más bajo del que estaban anteriormente.

Para lograr paliar este hundimiento creemos necesaria la llegada de una oleada lo suficientemente grande (casi un tsunami) como para barrer la hendidura creada y, además, hacer más fuerte el terreno, para que si la monstruosa Globalización continúa pisoteando creencias, valores, derechos y vidas, éstas sean lo suficientemente fuertes y seguras de sí mismas como para no volver a caer en el vacío de la desigualdad.

Como base de este refuerzo proponemos una reforma educativa, basada en la libertad y en la igualdad, no tanto basada en el progreso como en la estabilización. Éste creemos que sería un modo de refrenar la globalización, pues con una educación bien fundamentada los pasos de la Globalización serían más discretos, cortos y con unas huellas menos profundas.

La utopía sería que el movimiento globalizador trabajase de una manera tan concienzuda y cuidadosa que mirase, antes de pisar, el terreno en que se apoya y que para llegar rápido a su meta no tomase el camino más corto; pero siendo realistas nos damos cuenta que es casi imposible convencer a 6.671.679.034 personas que hay en el Mundo de que en la vida, a veces, hay que jugar a no ganar. Pero si bien las utopías dicen que son inalcanzables, sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, y sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.

Retomando la temática educativa, la conformidad, indiferencia y apatía de la sociedad ante la vil barbaridad, me hace pensar que éste es el camino que no debe llevar la educación. Percibimos que estamos estancados en un sistema que deja mucho que desear y nos da qué pensar, y por mucho que odiemos su metodología y objetivos, el sistema está en pie, y si no mostramos organización lo único que podremos hacer es rechinar los dientes, aceptarlo y pasar el mal trago lo más rápidamente.

La mayoría de la gente acepta el adoctrinamiento que la educación actual nos inculca, y esta docilidad determina que luego resulte más fácil adaptarse a la sociedad materialista, transmitiéndose así la sociedad del dólar de generación en generación. Y no sólo la culpa la tienen los sujetos educandos, sino que l@s ya educad@s (padres y madres) se han convertido ya en seres modelados que carecen del coraje y la pretensión necesarios para protestar contra esta educación embrutecedora. De hecho, el mayor obstáculo lo encontramos cuando vemos que las víctimas del sistema son incapaces de encararse, puesto que han sido educados para no creer en la libertad y la igualdad. Y esto se refleja cuando podemos ver que en la escuela, lo que esperan padres y madres, es que se domestique y se inculque disciplina a sus vástagos rebeldes. De este modo, todos los discentes experimentan la presión de las escuelas, sabiendo que su futuro depende de la conquista de un diploma universitario. Además como factor complementario en esta cadena de montaje de personas encontramos que la familia juega un papel importantísimo, posiblemente más que el de las escuelas, simplemente porque por norma general un niño pasa más tiempo con la familia que en el colegio y cree más en ésta que en “la profe” de turno.

Además es fácil darse cuenta de que la globalización ha llegado para quedarse, pero si se quiere quedar que al menos lo haga educadamente y como Dios manda, no haciendo de su arma más maleducada y devastadora la educación. Porque por lo que, al menos en nuestro primer mundo, podemos comprobar, es que la educación vacía a todas las personas en el mismo molde, educándolos para que jamás discutan nada. Lo único que parece que vale es este sistema coactivo, para que todo el mundo piense, hable y vista de la misma forma. Y mientras tanto, personas del primer, segundo, tercer y cuarto mundo, lloran lágrimas de opresión en lo más profundo de sí mismas y se sienten desgraciadas (quienes tienen), en su día a día y en sus escuelas-fábrica.

El sistema educativo ante el cual nos encontramos parece que no sólo no tolera a los educadores con pocas luces, sino que aparentemente los prefiere, haciendo que la educación sea puro palabrerío, hasta que poblemos los colegios de personas a las que les gusten y entiendan a los niños y niñas. La chatura y tedio de ciertas disciplinas escolares se transmiten a los maestros, y consecuentemente las escuelas se llenan de hombres y mujeres de mentalidad estrecha, vanidosos, cuyo horizonte está limitado por el pizarrón y el libro de texto. Algún día reinarán leyes sensatas en educación, pero ahora nos toca suspirar y soportar las idioteces que catalogan como educación.

Damos entonces con el resultado-tragedia que produce la factoría educativa: los niños y niñas aceptan las pautas absurdas de las escuelas, por lo que pagan como terrible precio la pérdida de su libertad interior, convirtiéndose en una legión de almas muertas que está a merced de los políticos, señores de la guerra y buscadores de lucro, realizando de este modo sacrificios humanos cuando alaban al Dios Dinero. Logrando personas que rezan “tanto tienes, tanto vales” y que creen en políticos, banderas o fronteras antes que en sí mismos, parece que la Globalización va a tener barra libre en un festín de poderío y lucro, en el que sin duda se pondrá las botas.

Dicen "si quieres cambiar el mundo, cámbiate a tí mismo", y eso creo que es porque además de que sería una hipocresía no hacerlo, la sociedad es un conjunto de personas, las cuales son pequeñas piezas en este macabro puzzle que llaman "progreso", y para empezar una hazaña hay que lograrlo desde abajo, desde uno mismo.
Yo no creo tener poder para cambiar el Mundo entero, ¡si incluso ya me cuesta trabajo cambiarme cosas a mí mismo! Pero igualmente, aunque no pueda cambiarlo, tener las agallas para enfrentarse a un@ mism@ es tal vez la mayor guerra que puedas combatir: tú contra ti. Las demás batallas, si no se ha vencido ésta, todavía nos quedan demasiado lejos.
Pero si cada un@ de nosotr@s, es capaz dar la vuelta a sus propios ojos y mirar adentro de sí mism@ y hacer un análisis introspectivo crítico, entonces, y sólo entonces, podremos quizá ser capaces de hacer que el sistema se detenga y tal vez gire en sentido contrario. Seguramente no logremos cambiar el mundo, pero tal vez si ponemos empeño logremos poner las cosas en marcha. Y eso no está mal para ser simples ciudadan@s sin más poder que nuestras manos, nuestro corazón y nuestro cerebro.
Párate, piensa y actúa. Y si es posible, con amor.

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