
Ya sé que generaciones precedentes a la nuestra son de mentalidad más cerrada, obtusos ante las nuevas ideas, pero no por ello resulta más doloroso e incluso abochornante escuchar en la propia casa a los padres hacer comentarios racistas, xenófobos, intolerantes y sanguinarios. Y no lo dicen en broma, porque a los padres se les conoce bien. Lo más hiriente de todo esto es que lo llevan diciendo desde que alcanza mi memoria, y yo para salir de ahí me he tenido que ir abriendo paso a machetazos ante lo desconocido para saber qué es lo que de verdad pasa en el mundo, informándome e intentando sacar prejuicios y desprecios grabados a fuego en mi mente. ¿Acaso quien me conoce de hace años no recuerda mi asco frente a los toxicómanos (decía que estaban ahí porque se lo merecían y lo habían buscado), o nunca notó mi no-aprobación racial a la que llaman "invasión" latino-africana, o simplemente el miedo y rechazo que sentía hacia la etnia gitana? Pues sí señores, un servidor hace unos 5 años tenía esa concepción de lo "diferente". Un concepto que se resume en diferente=miedo a fin de cuentas.
Me fui dando cuenta gracias a familiares que para empezar las cosas siempre hay que cuestionarlas y nunca dar nada por hecho. Conocer inmigrantes ilegales, su forma de vida y entrar en sus casas, asistir a un centro de reinserción social para exreclusos y exdrogodependientes, y adentrarme en un centro de día y de acogida de personas discapacitas abandonadas por sus familias, me hizo ver que no existe la palabra "inmigrante", ni "yonky o exrecluso", ni tan siquiera "subnormal". Lo que existen son personas de carne y hueso, con nombres, pasado y vida propia, y que cada una es totalmente distinta a otra. Y es que si vamos a intentar reagrupar a la gente según sus problemáticas o defectos, por favor, que alguien me indique dónde deben ir los narigudos. Este paso, conocer la cara y la sonrisa de la realidad, fue mi primer paso para plantearme cuánto había de verdad en lo que se escucha por ahí decir a la gente. Desde luego, una vez despertadas mis inquietudes de venganza hacia la mentira cegadora no me quedó otra opción más que informarme, leer y leer.
Desde entonces he estado aquí y allá, aprendiendo de un sitio y de otro, y siempre que he podido lo he intentado mediante vivencias, dejando los libros un poco de lado, porque por lo que yo he visto, muchas veces es mejor no saber con qué te vas a topar, porque ir con ideas rpeconcebidas o prejuicios no siempre es lo más recomendable. Y sobre todo, porque lo aprendí durante estas vivencias no sale en los libros: aprendí a leer la rabia en la mirada de los que saben que "el bicho" está dando jaque mate a un amigo, que un abrazo de un síndrome de down no conoce de límites de afecto, o que la sonrisa y esfuerzo de superación de un puñado de niños te confirmen que a fin de cuentas les estás ayudando. ¿Conoce el periodista del telediario el abrazo y las lágrimas que derrocha quien despide a sus seres queridos cuando abandona su país buscando trabajo? ¿Y el compañerismo y unión de la gente de la calle?¿sabe sacar por los medios el calor de un abrazo desmesurado de quien no tiene nada y lo da todo?y por tanto...¿lo conocemos nosotr@s?
¿Sabéis que creo? Que odiamos gracias a la ignorancia, a vivir mirando nuestro ombligo. Y el problema reside es que esto no es más que un círculo vicioso, una pescadilla que se muerde la cola: como sé poco del diferente, tengo miedo a lo desconocido, y al tener miedo, menos ganas tengo yo de saber acerca de mis temores.
Me da la impresión de que ya me he ido por los cerros de Úbeda. Venía yo contándoos esto porque en mi casa somos 3 hermanos: P.I. y yo. Si este modelo educativo familiar prospera, nos encontraremos ante unos chavales que seguramente tendrán más posibilidades de ser intolerantes que otros. Y os comento esto porque P. tuvo el año pasado un atercado con otro chaval debido a la tendencia homosexual de este último, termiando así en juicio. ¡¡¡y mis padres le echan bronca!!! Pero por Dios, ¿cómo le pueden reprochar nada? Y no es que defienda la actitud de mi hermano, pero es que en una casa en la que toda la vida se han escuchado expresiones del tipo "si un hijo me sale maricón, lo echo de casa" o "pobres maricones, haber si encuentran un remedio o una vacuna para ellos" lo normal es que se tome de referencia el modelo paterno y materno, ya que si no me equivoco, educar además de razonar, es imitar y repetir; y si se imite y repite desde pequeño, cuando aún no se tiene capacidad racional... la cosa muy bien no puede acabar.
Otro comentario, este lo he escuchado mientras veíamos la tele comiendo, emanó cual rebuzno de la boca de mi padre. Estábamos viendo el teledirario, y con el conflicto este de Palestina e Israel, no se le ocurre otra cosa mejor que hacer que decir delante de toda la familia "mira los pobrecitos de los judíos, que estaban en los campos de concentración y se quejaban. Si no los hubiesen dejado salir de allí, no estarían armando este pollo". ¿Qué tipo de cabeza puede razonar tan poco como para, no ya hacer un comentario tan macabro sobre un tema tan serio, sino hacerlo delante de una niña de 8 años? Seguro que si dentro de unos años I. le da una paliza a alguien judío, toda la familia se escandalizaría y no le verían ni pies ni cabeza a lo sucedido.
Bueno, y ya no quiero comentaros el concepto que
tienen sobre los inmigrantes y otras razas no caucásicas en general. Sólo con deciros que en el sorteo de Navidad no se oían más que gritos de indignación porque saliesen niñ@s latin@s y negr@s cantando los números y sus premios, todo esto delante de mi hermana (8 años) y mis primas (6 y 10 años). Alegaban que nos estaban invadiendo y dejando sin trabajo, nada más alejado de la realidad, como sabréis.
tienen sobre los inmigrantes y otras razas no caucásicas en general. Sólo con deciros que en el sorteo de Navidad no se oían más que gritos de indignación porque saliesen niñ@s latin@s y negr@s cantando los números y sus premios, todo esto delante de mi hermana (8 años) y mis primas (6 y 10 años). Alegaban que nos estaban invadiendo y dejando sin trabajo, nada más alejado de la realidad, como sabréis.Eso sí, la misa de cada domingo que no falte, que hay que tener reservada la parcela celestial, no vaya a ser. Incluso ayer mi hermana reafirmo sus promesas cristianas; yo hoy le pregunté que qué había prometido, y ella me contestó que no tenía ni idea. ¿Esto se hace porque sea la niña feliz y tenga una fé bien cimentada o por puro paripé social? Queridos padres del mundo entero: que golpeen su puño contra el pecho los domingos, pero luego el lunes odien a los negros o a los gays... me parece una hipocresía además de una incoherencia. ¿O ahora el cristianismo ya no está fundamentado en el amor y servicio a los demás? ¿Tienen idea los padres del poder de la familia? ¿No saben que a esas edades se idolatra a los padres y a las madres y son objeto de imitación constante? ¿Habrán pensado alguna vez que sus hijos aprenderán a rebuznar o a pensar por sí mismos dependiendo de la actitud y enfoque educacional que planteen?
¿Y... la próxima vez, debería abrir la boca y enfrentarme a un torbellino de prejuicios no fundamentados y griteríos, con lo que seguro no conseguiré nada, o seguir callado?


Muy fuerte, oye. Eres muy fuerte.
ResponderEliminarSi crees que no debes callar, no te calles. Eso sí: no agredas cuando hables. En esta ocasión me ha gustado mucho tu entrada.
Tienes mucha razón: es en casa donde se fraguan los tolerantes y los intolerantes. Aunque esa influencia de la familia no es del todo fatal. Como en tu caso, se puede recomponer el desaguisado y lograr formarse uno mismo con ayuda de los que están discriminados.
Saludos. Claudio.